jueves, 1 de diciembre de 2016

Respuesta al periodista Carlos Hernández

La crítica constructiva es imprescindible. Por eso valoro positivamente una parte de este artículo del periodista Carlos Hernández, que entiende que en Unidos Podemos se están percibiendo ciertos tics contra los periodistas cuando publican informaciones que no son de su agrado. Digo “una parte” porque tengo discrepancias respecto a algunos de sus argumentos, por lo cual me propongo dar mi humilde opinión como ciudadano independiente, aunque, por supuesto, con sus taras y afinidades.

Parece que todo viene por el tema de “feminizar la política” del que Pablo Iglesias ha hablado recientemente, generando una diversidad de opiniones que empieza a ser poco original. El autor considera legítimo que se resalten los errores que medios o periodistas puedan cometer, pero piensa que en UP a veces se exceden y hablan de “cacería” con cualquier información que no les gusta.

De acuerdo salvo por dos o tres apuntes. Por un lado, resaltar esta manía bastante generalizada que tienen los periodistas de llamar “información” a cualquier cosa que publique un medio o un colega de profesión. Es evidente que, dada la cuestionable independencia de nuestros medios (según The New York Times) y la poca credibilidad que gastan (según un informe de la Universidad de Oxford), muchas de las cosas que tienen a bien publicar, no llegan ni a rumorología. Por otro lado, llamar casos “políticamente reprobables” al piso de Espinar y al asistente de Echenique, es lamentable cuando lo hace la caverna mediática, pero es desesperante, en mi opinión, cuando lo hacen periodistas de medios independientes. Sobre Echenique, sigue sorprendiendo que se insista en que debía dar de alta al asistente… el profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad Pablo de Olavide, Rafael Gómez Gordillo, ha explicado con rigor y detalle los motivos por los cuales el secretario de Organización de Podemos no tenía obligación de pagar la Seguridad Social de su asistente. Pero da igual, la cosa es añadir chicha a la lista de “casos de Podemos”. En cuanto a Espinar, aunque fuera reprobable lo que hizo con 23 años –que tengo mis dudas–, obviamente no lo puede ser a nivel político, como afirma el autor con lo de “políticamente reprobables”, porque Podemos ni existía.

Hay muchos periodistas que suelen mostrar mucha profesionalidad y rigor pero, a mi juicio, muchas veces caen (acaso voluntariamente) en el juego de la derecha mediática y política que, ante la imposibilidad de defenderse de otra manera, solo se les ocurre acusar a Podemos de ser igual que ellos, para lo cual se inventan terribles “casos” que afectan a los dirigentes podemitas. El primer síntoma del ingreso en el circuito de manipulación constante es que dan a estos escandalosos escándalos la misma importancia que a la podredumbre corrupta de los partidos tradicionales; colocan los grandes casos de Podemos al mismo nivel, le dan el mismo espacio informativo o incluso más, y luego se tienen que comer doblados los archivos de esas querellas o, peor aún, el implacable paso del tiempo (todavía estamos esperando los juicios por el “caso Monedero”, el “caso Errejón”, los 8 mil “casos Iglesias”, el “caso Echenique”…). Pero da igual, el ruido no necesita casos judicializados, sino juicios mediáticos que perduren en el tiempo todo lo posible. Ahí está la trampa en la que, pienso, caen los periodistas decentes que se empeñan en insistir en temas que no dan de sí, pero con los que quizás demuestran (o se demuestran a sí mismos) una objetividad encomiable, ya que critican tanto a unos como a otros. Ése es el otro síntoma que veo y con el que justifico mi afirmación de que caen en la trampa: aplican a Podemos una exigencia ética desproporcionada y, me atrevo a afirmar, algo cínica, porque saben que nadie soporta una lupa. Y se la aplican ellos, los periodistas. Eso de que Podemos ha subido el listón de exigencia y ejemplaridad y, por tanto, ahora deben dar ejemplo, es otro burdo argumentario para justificar que se aplique un examen implacable a los dirigentes de Podemos que jamás aplicaron a otros políticos (porque no estamos hablando de corrupción) pese a que nadie se lo impedía… ¿o sí? Les molesta que se sospeche que hay poderes que impiden a los periodistas hacer según qué cosas, pero cuando no las hacen, tampoco se les puede criticar.

Ya comenté en un artículo que, en algún momento, los periodistas se creyeron por encima del bien y del mal, intocables. No lo digo por Carlos Hernández, de quien valoro además los matices que expone en su artículo y que se atreva a poner nombres a algunos de esos colegas de profesión que la ensucian y siguen contribuyendo a que el periodismo esté tan por debajo de lo que debería ser. Pero sí hablo de muchos periodistas que se dan golpes en el pecho y que ven en Podemos la oportunidad de mostrarse ante la audiencia aún más ejemplares dándoles una caña que ni Eduardo Inda. E insisto, por temas sin recorrido.

Es parte de ese sensacionalismo insoportable que, por desgracia, conforma la principal estructura de la opinión pública, en la que los periodistas se han autoproclamado examinadores políticos, éticos, morales y lo que surja. De repente, no tienen que informar, tienen que juzgar a los políticos, y que estos desfilen por su sala de control. Nada me hace más gracia que un periodista iniciando una pregunta con la frase “la gente quiere saber…”. Parece que algunos incluso se creen portavoces de la ciudadanía. Yo tengo un mensaje para ellos: nada me representa más que Rafael Correa masticándose a Ana Pastor.

Y volviendo al tema de “feminizar la política”, me parece una muestra más de que el foco mediático no se aplica igual a Podemos que al resto. En este caso, Carlos Hernández, que a mi juicio demuestra rigor y profesionalidad, reconoce que la explicación de Iglesias pudo llevar a malos entendidos. Vamos, que es interpretable, imagino que según los intereses de cada cual. Las afirmaciones de Pablo Casado comparando el trabajo de una limpiadora de hoteles con su hermano médico o las del impresentable que tienen como alcalde de Alcorcón llamando “amargadas” a las feministas, no son tan interpretables: son contundentes y cristalinas, nos han dejado bien claro lo que hay. ¿Y alguien encuentra proporción entre las líneas dedicadas a estos señores y las dedicadas a la condenada “feminización de la política”? Por favor, periodistas decentes del mundo, dejen de caer en la trampa… y dejen de darse golpes en el pecho.

Antes de juzgar cada paso que dan los políticos, pongan en orden las prioridades informativas y la escala de valores, porque cuando juntas cosas imposibles, te sale paella con chorizo. Antes de pedir autocrítica en una pregunta, mírense al espejo y pregúntense si protegen al periodismo protegiendo a colegas de profesión que inyectan basura mediática en la opinión pública, o si protegen al periodismo sometiéndose a la agenda mediática que se dicta desde donde sea que se dicte.

Protejan de verdad el periodismo, con valentía. Y así nos protegerán al resto.

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