martes, 28 de junio de 2016

26J: Una lectura de los resultados

PARTIDO POPULAR

Tras el 20D, Rajoy se quedó quieto en los meses de negociación de investidura. No tenía los apoyos necesarios, así que esperó. Sabía que el PSOE no iba a sacar adelante una alternativa porque la única posible era con Podemos y los grupos de izquierdas, y con la abstención de los independentistas. Pero esto último era una línea roja que los socialistas se habían marcado. Rajoy esperó, se convocaron nuevas elecciones y presentó el discurso perfecto: mientras los demás se pelean sin llegar a ningún lado yo represento la seriedad en España.


A esto se sumaron las encuestas desinformativas, que ponían a Podemos por los suelos el 20D y ahora los ponían por las nubes. Finalmente se quedaron igual, pero sirvió para insistir en la narrativa del miedo por el auge populista que llevaría España al desastre. El PP, con estos dos elementos, se presentó como “serio” y “útil”. Ganaron en prácticamente todas partes, incluido Andalucía, Extremadura o Canarias. Da igual que la firma de Soria aparezca en los Papeles de Panamá, dan igual las tramas de corrupción Gürtel, Púnica, Taula, Acuamed, Bankia… da igual el desfile por el juzgado de todos los diputados, en peso, del PP valenciano; dan igual los recortes, la Ley Mordaza, la desigualdad; dan igual las conversaciones del ministro de Interior conspirando contra rivales políticos. El PP está podrido y ha contagiado las instituciones públicas. Juegan a la democracia porque pasaban por ahí, porque les tocó esta época, y no porque crean en ella. Exactamente igual que sus votantes, dispuestos a perdonarles toda su podredumbre; dispuestos a eso y mucho más. Es una herencia de la que solo el tiempo y la fraternidad nos liberará.

CIUDADANOS (C’s)-PARTIDO DE LA CIUDADANÍA

Ciudadanos venía de hacer un pacto desconcertante y trató de explicarlo: apoyamos al PSOE porque el PP no quiso formar gobierno. Tiene lógica cuando eres lo que eres: una muleta del bipartidismo. Lo que ocurre es que en su día se presentaron como una nueva fuerza política que venía a gobernar, y no a apoyar a quien pudiera gobernar. Las encuestas les llegaron a colocar en segunda posición de cara al 20D. Y cuando se plasmó la realidad, ellos mismos asumieron rápidamente y sin complejos el papel que muchos supimos siempre, el de fuerza que apoyaría a los viejos partidos con algunas condiciones más que asumibles, como hicieron en Madrid con el PP o en Andalucía con el PSOE. C’s era en Cataluña el partido que ocupaba el espacio de centro-izquierda no nacionalista (como ellos mismos se definían); luego rechazaron las etiquetas “izquierda” y “derecha” para hablar de “arriba” y “abajo”, de “lo nuevo” y “lo viejo”, y finalmente hoy se congratulan de ser el único partido que ha consolidado un espacio político “de centro”. Viva el centro.

¿Y su retroceso electoral? Culpan a la ley electoral, que ciertamente les ha perjudicado. Pero eso no explica la pérdida de votos (cerca de 400.000). Son, junto al PSOE, los únicos que han perdido escaños y votos. Los artífices del pacto contra-natura que muchos de sus votantes no han entendido. Gente del PP que no les votó para que hicieran presidente a Sánchez, y quizás gente del PSOE que volvió a su partido por miedo al sorpasso.

En esta compleja situación, C’s, como buen “Centro”, trató de atacar a quienes identificaba como los extremos (PP y Podemos), pero lo hizo con verdadera torpeza. No quiso atacar demasiado al PP, porque sabía que era su principal fuente de votos, y eso se reveló en un excesivo ‘tacticismo’. Se contentó con atizar a Rajoy, como si bastase con una cabeza para limpiar la podredumbre; nadie se lo cree.

En cuanto a Podemos, Rivera sacó lo peor de su verdadero rostro: viaje a Venezuela con la prensa esperándole para criticar a Maduro… y a Podemos. Muchas veces. Tour de 48 horas con lagrimones incluidos y la gente en España flipando de vergüenza ajena por el circo. Luego vuelve y saca todo su repertorio en el debate de Salvados, con bromas y juegos de palabras (“China-comunista”, “gente madura-Maduro”), y lo mejor del cuñadismo español: “es que me lo has puesto a huevo”. El patetismo de Rivera y de C’s en el último mes ha demostrado una vez más que las campañas electorales les sientan realmente mal.

PARTIDO SOCIALISTA OBRERO ESPAÑOL

El PSOE pierde 120.000 votos y 5 escaños. Aun así, parece que sus dirigentes encuentran motivos de celebración. El primero es que, teniendo en cuenta la menor participación, han aumentado ligeramente su porcentaje de voto. Quien no se contenta es porque no quiere. El segundo es que no hubo sorpasso y siguen siendo los líderes de la izquierda… una izquierda que no ha ganado en casi ninguna comunidad, y un partido “líder” que no ha ganado en ningún sitio. La cara de Pedro Sánchez no era buena (no podía serlo), pero era de alivio. En cuanto a Susana Díaz, sorprenden sus reivindicaciones por haber aguantado en Andalucía la embestida de Podemos, ignorando que recibieron un sorpasso aún más lamentable: el del PP. Eso no le va bien ni a su partido, ni a ella.

Creo que el PSOE sigue analizando mal su situación y la de España. Ayer Sánchez volvió a culpar de todos los males a Pablo Iglesias, al igual que todo su partido; ahora el motivo de los ataques es la superioridad del bloque de derechas tras la oportunidad que Podemos negó a los españoles. Pasarán 50 años y Sánchez seguirá culpando a Iglesias de no haber sido Presidente. Da igual que sea él y no Iglesias quien haya cosechado los peores resultados del PSOE en sus 137 años de existencia. Todo ello basándose en el penoso argumento de la “pinza” que Podemos le hizo junto al PP, obviando malintencionadamente la posibilidad real que había de conformar un gobierno progresista con Podemos más las confluencias, Izquierda Unida, Compromís, PNV y la abstención de los independentistas. Una posibilidad real que el PSOE ni quiso explorar; hizo el paripé en la reunión mientras firmaba con “las juventudes del PP”, según sus propias palabras. ¿Y por qué? Porque no quería saber nada de los independentistas, no quería “quedar en sus manos” y verse obligados a celebrar un referéndum; los demócratas del PSOE no quieren que los catalanes expresen su voluntad. En cualquier caso, dudo que el referéndum fuera innegociable para una simple abstención. Por lo menos, podrían haberlo intentado, porque no cuela que esa fuera la verdadera razón.

Quizás les resulten inasumibles las demandas que la sociedad –y muchos de sus exvotantes– está planteando y que Podemos está poniendo sobre la mesa.

Que sigan así, más preocupados por su propia existencia, sin noticia de autocrítica alguna y apelando a votantes que ya no tienen. Que sigan así y acabarán, por desgracia, en el basurero de la Historia. De momento, más rápido o más lento, no dejan de caer en picado.

UNIDOS PODEMOS

El inicio de ese gran Frente Amplio (Podemos y las confluencias, IU, Equo, Compromís, Mareas…) que, sin embargo, fue presentado desde el principio como la coalición Podemos-IU. Simplemente.

Mantienen los mismos escaños que la suma de Podemos e IU el pasado 20D, pero son con diferencia los que más votos han perdido: un millón y pico. ¿Qué ha pasado? ¿Qué fue de toda esa ilusión y todo ese impulso que traía consigo la feliz confluencia?

Lo cierto es que esa confluencia era un clamor popular, todos lo pedían y, como buenos partidos democráticos, hicieron el esfuerzo necesario para atender las demandas de la gente. Desde hace tiempo tuve mis reticencias a dicho pacto, y quizás sea el momento de volver a plantear algunas cosas: Podemos ha llegado donde ningún dirigente de IU soñó jamás. La confluencia en 2015 nos sonaba, a muchos, a movimiento desesperado por sobrevivir. Y en 2016 tuvo, más bien, un doble objetivo: atender a la demanda popular y ofrecer un nuevo elemento ilusionante ante unas elecciones tan prematuras. Pues no salió bien.

No salió bien, creo, por tres motivos:

1. Las prisas no son buenas. Una confluencia entre varias fuerzas políticas requiere tiempo para mimetizar estructuras y bases sin desmantelar las diversas identidades. Requiere de tiempo para amoldar programáticamente los grandes objetivos comunes, los inmediatos y los globales, de construcción de una nueva sociedad en los próximos 20 años. Las prisas no son buenas porque demuestran más oportunismo que voluntad de cambio.

2. El veto de un sector de Izquierda Unida. Hay que decirlo: ante las declaraciones de la vieja guardia de IU, a todas luces era absurdo e infantil plantear que los 5 millones más 1 millón de Podemos e IU el 20D se iban a convertir, al ir juntos, en 6 o más millones de votos. Ni que estuviésemos hablando de ganado. Esa parte importante de IU siempre despreció a Podemos y los ‘podemitas’, y por supuesto a Pablo Iglesias. Es más que probable que parte de la abstención en estas elecciones sea de votantes de IU que no siguieron a Garzón en su proyecto de confluencia. Y sorprende la ceguera.

3. El elemento más importante: la transversalidad. Podemos, desde su nacimiento (y en parte, renegar de IU tenía que ver con lo mismo), se presentó como un partido transversal. La transversalidad era su esencia. La “centralidad del tablero” no era otra cosa que plantear que, por encima de la izquierda y la derecha, estaban la desigualdad, el paro, la precariedad laboral, los recortes en sanidad y educación, la relación entre corrupción y pobreza, la igualdad ante la ley. Era una fuerza que apelaba a la decencia, no a la Izquierda. Por eso los puristas de la vieja izquierda, los orgullosos de haberse conocido y de perder una vez tras otra pero, eso sí, con sus principios y sus símbolos bien altos, los detestaban. Podemos llegó a recoger votos del PP. ¡Eso era transversalidad! No digo que eso pudiera mantenerse y seguir creciendo, pero el mensaje inicial caló hondo y dio un suelo muy alto al movimiento. Porque lo importante era y es crear una nueva mayoría social que entienda que, más allá de la izquierda y la derecha, está la gente humilde y decente que durante tantos años se ha sentido sola y desamparada. Eso, en parte, se ha perdido. Quizás la nueva confluencia (que insisto en que debe ser un Frente Amplio donde las siglas importen poco y donde Podemos actúe de vehículo) sea ahora el camino para construir esa mayoría, pero es comprensible que la gente que así había entendido el primer perfil de Podemos, gente que no se sentía necesariamente de izquierdas, haya abandonado el proyecto.

-X-

El PP ha ganado las elecciones con más solvencia que el 20D. Es lo que hay y es difícil encontrar una alternativa que no pase por el PP. Aun así, si la hubiera, habría que tratar de explorarla. Pero más allá del parlamentarismo, Podemos tiene que dejar de una vez el frenesí de las carreras electorales, tiene que separarse del estado permanente de campaña al que nos tienen sometidos los medios y los partidos. Tienen que bajar a la tierra de nuevo y pisar los barrios, estar en las movilizaciones, recuperar el contacto. Menos tele y más calle. Construir un Frente Amplio no va a ser posible sin el trabajo en la calle, ayudando en las movilizaciones, coordinándose con los colectivos y los sindicatos, participando en las asambleas populares. Reavivar los famosos Círculos, convertirlos en lo que tenían que ser.

Todavía no pueden gobernar este país. No tienen el apoyo necesario para enfrentarse a las resistencias reaccionarias de nuestra derecha, ni a los mercados financieros, ni a los poderes internos (incluido los medios de comunicación) ni a Bruselas. Sin un fuerte apoyo popular, no podrán con tanto enemigo. Tienen que empezar a construir desde abajo el poder popular o, como dice Anguita, “contrapoder ciudadano”. Un Frente Amplio, no solo IU.

El sujeto debe ser colectivo y plural, y el vehículo será Podemos.

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