jueves, 21 de abril de 2016

Mentiras... y verdades

El silencio a menudo es una gran mentira. Más aún si viene de quienes deben informarnos. Y si lo combinan con falsedades explícitas, logran que muchísima gente no sepa quién es, por ejemplo, Berta Cáceres, o quién es Bernie Sanders.

Quien esté siguiendo las primarias de Estados Unidos conocerá a más candidatos a parte de Donald Trump o Hillary Clinton, los dos favoritos a vencer en sus respectivos partidos y, desde luego, los dos que más cobertura mediática han recibido. La segunda por ser la gran apuesta del establishment como sucesora de Obama, y el primero por saciar las cotas de espectáculo que todo medio de comunicación desea, aun cuando se corra el riesgo de que gane las primarias republicanas, algo más que posible.

No es un problema que el xenófobo Trump tenga gran espacio en los medios; el problema es que no lo tengan otros candidatos que también están en la disputa de primarias y que también presentan un discurso rupturista con la política económica y social estadounidense, en un claro desafío al establishment financiero, político y mediático. Uno de estos candidatos es Bernie Sanders, pero no es xenófobo, racista ni belicista, y lo que es peor: es un socialista confeso y orgulloso.

Este viejo senador de Vermont se presenta como independiente (no pertenece al partido demócrata) y utiliza la palabra ‘socialismo’ sin tapujos en un país que basó su expansionismo del Siglo XX en la lucha contra dicha ideología, con lo que podemos imaginar cómo suena en general esta palabra en el país. Más o menos lo mismo que las palabras ‘Venezuela’ o ‘Chávez’ en España.

Cada vez más se puede leer ‘Bernie Sanders’ en los medios, en cada caucus que se celebra en EEUU, pero pasó mucho tiempo hasta que se le dio ese mínimo de relevancia (en España, por ejemplo), puesto que no tenía –ni tiene- el apoyo mediático y no representaba todavía una alternativa posible. Aun así, desde el principio fue un fenómeno que hablaba de socialismo, criticaba a los poderes fácticos norteamericanos y convencía a la población joven, y todo ello mediante una campaña financiada por la gente, sin respaldos empresariales y, con todo, batiendo récords. Y resulta que desde comienzos de año aparecen encuestas elaboradas por la NBC o el Wall Street Journal indicando que solo Sanders, como candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, ganaría tanto a Ted Cruz como a Donald Trump, y no Hillary Clinton.

Mentiras

Este silencio que al menos un servidor percibe, forma parte del ejercicio desinformativo de los grandes medios de masas, que combinan esta práctica de obviar hechos que están sucediendo –o no los consideran relevantes– con la construcción de relatos, sencillamente, falsos.

Esto pasa a menudo con América Latina. De sobra es conocida la animadversión de los medios españoles (los medios de masas, los mayoritarios) hacia los gobiernos progresistas y post-neoliberales que han transformado enormemente las sociedades de países latinoamericanos como Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay o Venezuela. Sobre este último, probablemente se trate del país extranjero que más interesa a los poderes fácticos españoles; podemos encontrar artículos prácticamente a diario en la mayor parte de la prensa nacional, y rara vez cuentan algo positivo de su gobierno.

Pongamos un ejemplo reciente: 12 de abril de 2016; Diario El País. Artículo titulado “El Supremo de Venezuela declara inconstitucional la Ley de Amnistía y Reconciliación”, escrito por Alfredo Meza. Un artículo que continúa la crónica de los últimos meses en los que se ha seguido el proceso político mediante el cual la Asamblea Nacional (controlada por la oposición tras ganar por mayoría en las últimas elecciones legislativas) ha promovido una ley para amnistiar a diversos presos condenados por hasta 50 tipos de delitos: estafa inmobiliaria, sabotaje eléctrico, acaparamiento y especulación de alimentos y medicinas, uso de armas de fuego, delitos cometidos en las “guarimbas”… muchos de estos delitos han llevado a diversos líderes de la oposición a la cárcel; el caso más sonado ha sido el de Leopoldo López, condenado a más de 13 años como autor intelectual de las citadas “guarimbas”, protestas violentas cuya intención era derrocar a Maduro y que acabaron con 43 muertos.

Los detalles de la propuesta de Ley no los verán ustedes en el artículo de El País, pero ya en su primer párrafo podemos leer una valoración del hecho de que el Supremo haya declarado inconstitucional la ley: “Se trata de una respuesta a un recurso introducido ante la máxima instancia judicial por el presidente Nicolás Maduro, quien ha decidido escoger la facultad más severa que le otorga el contrato social que rige a todos los venezolanos como una manera de oponerse en firme a la liberación de los presos políticos.”. Fijémonos en las expresiones: “Maduro […] ha decidido escoger la facultad más severa que le otorga el contrato social…”. Es decir, como no puede afirmar (porque la mentira ya sería escandalosa) que Maduro se salta sus competencias y reprime la propuesta de ley, sugiere poco menos que el presidente venezolano retuerce sus funciones y estira el chicle hasta la medida más severa y rigurosa para –y aquí viene la eterna falacia– evitar “la liberación de los presos políticos”. Como esta infame mentira (la supuesta existencia de presos políticos) se lleva repitiendo años, ya la pueden meter en cualquier parte como un hecho consumado, como una verdad sin paliativos y de absoluto rigor.

Seguimos. En el segundo párrafo, el autor escribe: “[…] el gobernante venezolano establece como un punto de honor mantener tras las rejas a 78 personas procesadas o sentenciadas por delitos ocurridos en el ejercicio de sus derechos políticos”, y continúa mencionando a López o Ledezma, dos de los casos más sonados. Este autor y este periódico afirman que incitar a la violencia o planear un golpe de Estado son actividades que forman parte del “ejercicio de sus derechos políticos”. Y evidentemente, lo afirman sin más porque tampoco han informado debidamente de los delitos que se imputa a estos señores y se niegan a asumir que hablan de un país en el que, a pesar de su continua injerencia, se rige por un Estado de Derecho, como han avalado en innumerables ocasiones multitud de ojeadores internacionales. Cabría preguntarse también si lo de “punto de honor” es un dato de rigor o, como la práctica totalidad del artículo, una apreciación personal más.

Por resumir, en los siguientes párrafos se cita el fallo del Supremo, que es interesante leer, donde argumenta la inconstitucionalidad de una ley que pretende desconocer que Venezuela es un Estado Democrático, de Derecho y de Justicia, con artículos que invalidan la amnistía de delitos demostrados y juzgados. Cabe destacar una frase de la instancia: “[…] la Asamblea Nacional no puede decretar el sobreseimiento en los casos de crímenes de lesa humanidad”. A continuación, el autor del artículo concluye: “El chavismo considera que las muertes ocurridas en el marco de las protestas convocadas por López, Ledezma y la exdiputada María Corina Machado califican bajo tal rotulo”. Es decir, que el TSJ habla de crímenes de lesa humanidad y el periodista afirma que es el chavismo el que considera como tales los delitos juzgados a las personas citadas. Fíjense en la manipulación: un juez ha condenado a un delincuente, que cumple condena por ello, y un medio de comunicación afirma que esa persona es un “preso político” a quien el régimen chavista (y no el juez) imputa un crimen de lesa humanidad.

Veamos el desprecio con el que escribe en el siguiente párrafo: “La semana pasada el Consejo Nacional Electoral, controlado por cuatro entusiastas de la autodenominada revolución bolivariana, rechazó la solicitud de un referéndum revocatorio intentado por la coalición opositora […]”. ¿Acaso son formas de presentar una noticia? “controlado por cuatro entusiastas de la autodenominada revolución bolivariana…”. ¿Es ésta una frase escrita con rigor y objetividad? ¿Es posible respetar mínimamente la ética periodística de una frase como esta? Y continúa con más desinformación: “[…] el CNE […] rechazó la solicitud de un referéndum revocatorio intentado por la coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática aduciendo defectos de forma y el desacato a las leyes electorales”. La frase es correcta, la MUD no cumplía los requisitos exigidos por ley. Sin embargo, en comunicación se sabe perfectamente que el sentido de una frase puede estar influenciada por la anterior. Y si el autor ha dicho que el CNE está controlado “por cuatro entusiastas de la autodenominada revolución bolivariana”, el lector asumirá que cualquier resolución que haga dicha institución carece de parcialidad y objetividad; por tanto, si luego dice que el CNE fundamenta el rechazo de la solicitud en “defectos de forma y desacato a las leyes electorales”, evidentemente está cubriendo de ilegitimidad la resolución, sembrando dudas en su credibilidad y sin molestarse en explicarnos en qué se está basando el CNE para rechazarla.

Y no es tan difícil informar de esto. Yo mismo, que no soy periodista ni escribo para El País desde Caracas, he podido hacerlo. Tibisay Lucena, presidenta del CNE, fue entrevistada en el programa Vladimir a la 1 de Globovisión el día 8 de abril. Ahí explicó los motivos del rechazo de tres solicitudes de la MUD para el revocatorio de Nicolás Maduro. Aclaró que, como dice el artículo 72 de la Constitución, son los electores venezolanos quienes deben solicitar el referendo del cargo en cuestión, y no los dirigentes de un partido. Ya en 2007 fue el CNE quien incluyó a los partidos como mediadores de dicha solicitud, es decir, que pueden encargarse si existe la demanda, de trasladarla al CNE. Además, Lucena aclara que la Asamblea Nacional (que ahora controla la oposición) tiene una regulación sobre los referendos en general, pero no tiene capacidad alguna para poner en marcha un revocatorio. El procedimiento es sencillo: un número determinado de electores debe solicitar a través de agrupaciones ciudadanas o partidos políticos que se ponga en marcha el referéndum revocatorio del cargo público que sea (siempre concluida la mitad de su mandato), y ya el partido trasladaría la solicitud, en la que únicamente se pide constancia de que ha celebrado una asamblea en la que se le insta a trasladar una solicitud ciudadana. La MUD no ha presentado estos requisitos y por tanto se ha desestimado su petición.

Por supuesto, Henrique Capriles y el resto de opositores han dicho que Lucena miente y que el CNE está negando un derecho ciudadano. En este punto, lo único que se puede hacer es ir a la fuente: en la RESOLUCIÓN No. 070207-036 del 7 de febrero de 2007, podemos leer en el Capítulo I, Artículo 4, lo siguiente: “Transcurrida la mitad del período para el cual fue elegido popularmente el funcionario, podrá solicitar la convocatoria de referendo revocatorio de su mandato, un número no menor del veinte por ciento (20%) de los electores y electoras inscritos en el registro electoral para el momento de la solicitud…”. Y en el Artículo 5 se explica el rol de los partidos: “[…] las organizaciones con fines políticos o las agrupaciones de ciudadanos o ciudadanas debidamente inscritas ante el Consejo Nacional Electoral, podrán promover mediante escrito el inicio de la solicitud del procedimiento de referendo revocatorio del mandato, de acuerdo a las disposiciones establecidas en la presente Resolución y al artículo 66, numeral 1 de la Ley Orgánica del Poder Electoral”. Los partidos, como vemos, no pueden iniciar esta solicitud sin respaldo ciudadano. De hecho, son los electores quienes deben iniciar el proceso valiéndose de algún partido para trasladar sus demandas. Es lo que se llama “democracia participativa”, algo que en España nos suena a chino.

El artículo termina haciendo augurios personales que ustedes mismos pueden leer si les apetece.

Silencios premeditados

Como decíamos antes, si algo delata a estos medios de comunicación en su falta de compromiso ya no con los derechos humanos, sino con la Verdad, es el contraste entre manipulaciones como la que hemos visto y el indignante silencio sobre otros temas que sí son verdaderamente escandalosos.

Hace poco se ha desvelado la exclusiva mundial de los famosos –o infames– Papeles de Panamá (revelados en España por El Confidencial y La Sexta), y hay que celebrar el esfuerzo de los periodistas que han trabajado para informarnos de semejante escándalo. Humildemente, pienso que también hay que ser críticos, con serenidad, en cuanto a la gestión que los medios hacen de esta información. Cabe al menos plantear si es legítimo que la información se vaya desvelando por fascículos, en distintos días y semanas, aunque sea información que ya se tiene. Por supuesto, es perfectamente normal que, con once millones de documentos, presentar esa información lleve su tiempo, pero es un debate interesante: cabe la posibilidad de que los medios dispongan de información que deciden ofrecer basándose en criterios económicos, es decir, pensando en qué momento les puede generar mayor beneficio. No afirmo que esté sucediendo eso con los Papeles de Panamá pero, si así fuera, ¿es legítimo?

También es importante que estemos atentos a esta gestión de la información porque, así, podremos comprobar que el abanico de los hechos es más amplio y abarca más cuestiones de las que, en general, se están planteando; por ejemplo de dónde sale Mossack Fonseca, algo que hemos podido saber gracias al profesor Vinçent Navarro, que por suerte para la gente, parece haber tomado en esta etapa de su vida el compromiso de cubrir las ausencias informativas de los grandes rotativos. O cómo se financia el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (a quien, insisto, debemos agradecer esta gran exclusiva), con lo que entenderíamos en parte por qué no ha aparecido aún ninguna empresa estadounidense.

O cómo en Europa (y en España) se ha nombrado bastante más a Putin –que no aparece directamente en los Papeles de Panamá– que a Mauricio Macri, Presidente de Argentina. Macri ganó en segunda vuelta y por los pelos las elecciones que sacaron al kirchnerismo de la Casa Rosada tras doce años en el Poder, y mediante decretos ley (puesto que no tiene suficientes apoyos en la Cámara), se ha dedicado a deshacer todos los logros de la etapa anterior, con despidos masivos, cesiones a los fondos buitre o el corte de la cadena Telesur (aunque para la prensa internacional es Venezuela quien cierra televisiones). Pues bien, este señor sí que aparece directamente implicado en los papeles y ha sido imputado por ello. Imputado. El presidente de un país. ¿Qué habría pasado si en vez de Macri, el implicado e imputado hubiese sido, por ejemplo, Nicolás Maduro, Evo Morales o Lula Da Silva? Me imagino lo que habrían escrito en El País.
Pero Macri es de los nuestros.

Otro asunto escandaloso es el silencio casi traicionero y cómplice que los medios han impuesto sobre las barbaridades que están sucediendo en Honduras, que desde el golpe a Zelaya en 2009 se ha convertido en uno de los países más represivos y peligrosos del mundo. O la falta de información respecto al sistema electoral de Cuba, que por lo menos estaría bien conocer, ya que lo hay (recomiendo el libro Desinformación. Cómo los medios ocultan el mundo del periodista Pascual Serrano). Al igual que el avance de las negociaciones secretas sobre el TTIP, donde PP, PSOE y C’s votan juntos a favor.

Al igual que tantas cosas silenciadas.

Verdades

Volviendo a Bernie Sanders, si somos objetivos (y prudentes), un presidente así sería un halo de esperanza para la sociedad norteamericana, que en los últimos años ha sufrido las consecuencias de las crecientes desigualdades en el país, aunque claramente se trata de una lucha que no acabaría con la elección de Sanders como Presidente de los Estados Unidos, sino que empezaría la verdadera batalla contra los poderes fácticos y el establishment, desde Washington hasta Wall Street. Sanders va a necesitar mucho apoyo para enfrentarse a tantos y tan poderosos enemigos.

Otro asunto es la política internacional. Cuesta creer que un presidente estadounidense, por muy socialista que se reclame, vaya a cambiar la inercia imperialista de una superpotencia hegemónica diseñada para seguir siéndolo.
Sin embargo, la valentía que ha demostrado este hombre en sus declaraciones sobre asuntos internos en cuanto a políticas económicas y sociales, sus críticas al establishment (incluida la prensa), etc, la demostró el otro día también en política internacional. Sanders, preguntado por Latinoamérica en un debate en Miami, dijo: “No creo que sea la función del Gobierno de EEUU ir derrocando gobiernos por todo el mundo". Cuando quisieron cercarle preguntándole por Cuba, habló con firmeza de los avances en salud y educación en la isla, y afirmó que fue un error que EEUU tratara de invadir Cuba, que interviniese en la Nicaragua sandinista, que derrocara al gobierno electo de Guatemala o al Chile de Allende, o que apoyase el golpe en Honduras. Denunció la Doctrina Monroe y las medidas de Reagan y Kissinger.

‘Sorprendente’ es una palabra que se queda corta para describir el hecho de que un líder político estadounidense con verdadera influencia se atreva a hacer semejantes afirmaciones, señalando un tema que nadie osa nombrar en dichos términos en EEUU y que, desde luego, los medios de comunicación (incluidos los españoles) no solo no se atreven a analizar, sino que a menudo los apoyan. Pero Bernie Sanders lo dijo, y fue ovacionado por ello, porque decía la verdad.

Hace unos días, se han celebrado los caucus de Nueva York, clave por ser uno de los sitios que más delegados repartía, y donde Sanders podía consolidar su auge dando un sorpasso a Clinton, pero no lo ha logrado. Sanders sigue siendo el favorito de los jóvenes, pero en una ciudad como Nueva York (la capital del mundo), Clinton ha recogido el voto mayoritario de mujeres, hispanos y afroamericanos; eso ha sido determinante. Es complicado, es una lucha desigual y, a pesar de la distancia recortada, Sanders está todavía lejos. Necesitaría al menos una victoria aplastante en estados como Nueva York para recortar gran distancia en el poco tiempo que le queda.

Pero en cualquier caso, que Sanders diga y pueda decir una verdad incontestable como lo dicho sobre América Latina y la injerencia constante de EEUU, y que la gente esté dispuesta a escucharlo, es un esperanzador síntoma de que algo se está moviendo. Desde el movimiento Occupy Wall Street hasta el revuelo de Bernie Sanders (mediáticamente silenciado tanto dentro como fuera de EEUU en contraste con el auge del fascismo de Donald Trump), se percibe una corriente social en el país norteamericano que demuestra una sensibilidad diferente hacia el proyecto de potencia que quiere ser.

Se perciben muchas cosas, que sin embargo parecen inalcanzables. Pero eso no nos impide seguir avanzando. Si, frente a todas las mentiras, la verdad de Sanders –como tantas otras verdades– no gana, no por ello se consumará la utopía entendida como el sueño irrealizable. Más bien, creo, tendrá que ver con lo que contaba Eduardo Galeano que respondió su amigo cineasta Fernando Birri a un estudiante que le preguntó para qué servía la utopía. Birri contestó: “La utopía está en el horizonte. Yo sé muy bien que nunca la alcanzaré. Si yo camino diez pasos, ella se alejará diez pasos. Cuanto más la busque, menos la encontraré, porque ella se va alejando a medida que yo me acerco. Buena pregunta, ¿no? ¿Para qué sirve? Pues la utopía sirve para eso, para caminar.

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