lunes, 9 de noviembre de 2015

Críticas a C's... por variar (PARTE I)

¿Por qué está bien visto resaltar las virtudes de C's al tiempo que son razonables las críticas a Podemos? ¿Responde solo a la tendencia ideológica de la sociedad? ¿Al trato de los medios? No creo que se deba a un único motivo.

Es fascinante ver cómo el partido de Albert Rivera se ha posicionado en ese espacio de consenso a través de un discurso capaz de quitar toda relevancia a la ideología y, sobre todo, a los hechos y a las propuestas concretas. ¿Qué importan las propuestas de C's si las etiquetas “cambio responsable”, “política sensata” o “regeneración democrática” pesan más? Y lo más increíble es que son etiquetas auto-impuestas. ¿Qué pasó con aquello de “somos lo que hacemos, no lo que decimos”? ¿Qué ha quedado de eso?

En la política parece que poco. Tiene que ver, creo, con la espectacularización que se ha hecho de la política, convirtiéndola en un artefacto cuyo espacio natural son los medios y las redes sociales, y no la sociedad y los individuos. Esto supone que, a mi juicio, el trabajo en los barrios o el diálogo y el contacto con distintos sectores sociales y plataformas civiles sea mucho menos influyente que los minutos de presencia televisiva; las propuestas lanzadas en los parlamentos y las votaciones hechas son meras anécdotas comparado con lo que se ha dicho en una entrevista o en un debate; es mucho más determinante aquello que digas con poco tiempo para pensar. Aquel posicionamiento moral o político que tomes cuando tienes unos pocos segundos para responder y definirte. Así nos definimos. Así definimos la política, los políticos y sus partidos. Somos lo que decimos de nosotros mismos en un segundo, y lo que se interprete de nuestras palabras. Y si soy “el cambio moderado”, ¿quién puede criticar eso?

Pues cualquiera que se moleste en informarse sobre toda una serie de hechos, medidas y declaraciones que definen a C's en unos términos diferentes a los presentados en los medios hegemónicos y por ellos mismos. Son hechos que, evidentemente, cada uno interpretará a su manera, pero son hechos. Y después de diez años de vida, son muchos.

C's se presentó siempre como un partido fruto, entre otras cosas, del “vacío de representación que existía en el espacio electoral de centro-izquierda no nacionalista”. Así argumentan en el Ideario de su página web. Sin embargo, cuando empezó a calar un discurso que rechazaba los ejes de debate “izquierda-derecha”, no duraron en apuntarse al “los de arriba y los de abajo” de Podemos. ¿”Centro-izquierda” o “arriba y abajo”? Sus votaciones en el Parlamento catalán y europeo en los últimos años más bien los colocan en la derecha; esto parece una obviedad, pero todavía escucho a gente que los considera de centro-izquierda. C's ha votado en el Parlamento europeo a favor del TTIP; ha votado en el catalán en contra de recuperar el impuesto de patrimonio y el de sucesiones, fue de los pocos partidos que no firmó la declaración que pedía derogar la reforma sanitaria del PP, y se negó a formar parte de la moción de la ley contra el aborto de Gallardón. Hace poco ha frenado junto al PP la propuesta de cambio para Telemadrid, y también ha retrasado junto al PSOE las primeras comparecencias de la comisión de investigación de los EREs. Fue, junto con el PP, el único partido del Parlamento catalán que se abstuvo de votar una moción para condenar el franquismo -en un sonado episodio en el que los diputados de ambos partidos abandonaron el parlamento por supuesta manipulación debido a alusiones previas, y que casualmente terminó con todos ellos ausentes en dicha moción-. Por supuesto, Rivera ha dicho en varias ocasiones que “cualquier demócrata” condena el franquismo. Pero será raro ver a su partido hacerlo en un parlamento. De hecho, el pasado sábado fue preguntado por la memoria histórica en el formato “La calle pregunta” de La Sexta Noche, y su respuesta no pudo ser más ambigua.

Extracto de la web de Ciudadanos (C's)


Esto no es de extrañar, puesto que el partido de Rivera ha tenido acercamientos con grupos de extrema derecha como Plataforma per Catalunya (PxC), el neonazi Casal Tramuntana, Falange Española de las JONS, España 2000 o el irlandés Libertas, muchos de ellos al coincidir en diversas movilizaciones reivindicando la unidad de España, otros para posibles pactos y otros para pactos reales como el de Libertas en 2009. Es comprensible que su posición de partido catalán unionista les convirtiese en un instrumento político capaz de articular la lucha contra el nacionalismo catalán, atrayendo así a grupos fascistas. Pero algunos consideramos estas ambigüedades a la hora de posicionarse con el tema del franquismo un guiño sutil a esos colectivos que, por más que lo nieguen, suman votos a su formación. O quizás sea por ideología. Pero no solo en Cataluña han tenido casos así: en las elecciones autonómicas tuvieron que suspender varias candidaturas porque se les habían colado falangistas. A esto añadimos sus problemas en varias regiones debido a las “prisas” por armar candidaturas aun sin disponer de suficientes bases para hacerlo, viéndose casos de tránsfugas y personas que no habían dado su consentimiento para estar en las listas.

En cuanto a la corrupción y la “regeneración democrática”, es curioso que sea ésta una de las banderas de C's cuando han tenido no pocos imputados desde su nacimiento. Algo por otro lado normal, o desde luego a lo que estamos acostumbrados. El caso más sonado fue el de Jordi Cañas, imputado por presunto fraude fiscal por valor de más de 429.000 €, una cantidad muy parecida a la que ganó Juan Carlos Monedero por unos trabajos para varios gobiernos latinoamericanos. El primero acabó, como decimos, en imputación, y está siendo investigado; el segundo en nada, ni si quiera una sanción administrativa. ¿Hay alguna duda de qué caso fue más sonado en los medios y más condenado por periodistas y políticos? Pues este señor, Cañas, muy honradamente dimitió de su cargo, así que lo premiaron mandándole como asesor para el eurodiputado de C's Juan Carlos Girauta (por supuesto, aceptamos que para mucha gente esto no sea motivo de crítica).

Así, nos atrevemos a plantear que, entre imputaciones, tránsfugas, coincidencias políticas y económicas con el PP y CiU y posicionamientos en temas cruciales tanto en España como en Europa, Ciudadanos forma parte del mismo tipo de partidos que los llamados “del Régimen” o del sistema político del 78. Encaja a la perfección en ese sistema, y la máxima expresión de esta tesis la escenificaron con sus pactos autonómicos con el PSOE de los EREs de Andalucía y el PP de la Gürtel de Madrid.

El ascenso de C's

Seguramente, C's no ha dejado de subir en las encuestas desde hace más de un año. Y desde luego, las elecciones catalanas les han fortalecido enormemente. Cabe preguntarse el motivo de este ascenso.

En un interesante artículo, Ignacio Sánchez-Cuenca habla del modelo de masa crítica de Thomas Schelling que trata de explicar la relación entre las intenciones de voto y el voto real, entre expectativa y realidad. Plantea que cuando las expectativas son altas y un partido está subiendo, hay más gente que se suma debido a que ven atractiva esa opción; y de la misma manera, cuando algo hace que las expectativas bajen, mucha gente abandona, y si no se corrige dicha tendencia, se llegará al electorado potencial que votará a ese partido independientemente de quién más se sume.

Los partidos nuevos -dice el autor- no tienen apenas implantación territorial ni recursos organizativos. Como consecuencia de ellos, sus apoyos dependen sobre todo del clima de opinión y de las expectativas creadas”. Así, se ofrece una explicación tanto para C's como para Podemos. Con los segundos es realmente asombroso el vaivén de apoyo que han experimentado en el último año, con una enorme expectativa “al alta”, y una expectativa “a la baja” igualmente espectacular. Y ese cambio tan radical de tendencia coincidió con sonados acontecimientos como el ya citado de Monedero o el bautizado por Esperanza Aguirre como “beca black” de Íñigo Errejón. Casos en los que se demostró la lamentable ética periodística de demasiados medios, aunque fuera solo por la cantidad de minutos que le dedicaron durante varias semanas, para que pasado el tiempo nadie se acuerde de ello, porque no ha pasado nada (y sin rectificaciones igual de chillonas). Sin embargo, fue efectivo, y la tendencia de Podemos -si seguimos la tesis de Schelling- parece haber estado en caída, puesto que la opinión pública -y la falta de experiencia de Podemos para defenderse rápida y eficazmente- logró destemplar las que eran las principales fortalezas del partido de Iglesias: la indignación y la ilusión. Es a lo que te arriesgas, también, cuando apelas a las emociones como manera de articular las ideas políticas y el cambio social.


Por su parte, repetimos, C's no ha cambiado su tendencia. Y a muchos no se nos escapa que, teniendo un abanico tan grande de opciones, ningún medio mayoritario haya abanderado campañas de desprestigio tan feroces como las recibidas por Podemos. Y esto nos lleva a plantear lo que para muchos no pasa desapercibido: el trato tan sumamente amable que recibe C's en los medios en comparación con Podemos. Resulta difícil encontrar una entrevista a Rivera en la que se le atice tanto como a Iglesias. Son muchos más los elogios que recibe por parte de periodistas, políticos o empresarios y banqueros, que críticas. No confundamos presencia en los medios con promoción. Podemos siempre ha tenido gran cobertura mediática -aunque se le ha silenciado en la televisión pública- básicamente porque daba audiencia. En cuanto han crecido y hecho temblar un poco los cimientos del statu quo, su presencia ha continuado, pero el trato ha cambiado notablemente. Allá donde ha ido Pablo Iglesias o cualquier otro miembro de Podemos, se ha encontrado con varios rivales dispuestos a despedazarles con una agresividad inaudita, y sin escrúpulos a la hora de mentir o tergiversar cuando ha hecho falta. Quizás la misma agresividad con la que habla Iglesias en los mítines, pero con menos argumentos que los que él plantea en los debates. En cuanto a Rivera, sería curioso que hubiese por ahí un Eduardo Inda haciendo mucho ruido en su contra, aunque sea sin argumentos. Por equilibrar.

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